Hoy, niñitos míos, voy a hablarles del Alakrana, ese pesquero con nombre exótico que tanto revuelo ha causado entre las filas de los próceres patrios y sus correspondientes voceros, lenguaraces y demás ralea de juntaletras a sueldo. Para empezar, los hechos: un barco español bajo bandera no reconocida en el derecho marítimo (o séase, la ikurriña) de pesca que se fue a las costas de Somalia y, ¡zas!, unos negros que pasaban por allí van y los secuestran. Pasan cuarenta y tantos días y los negros se bajan del barco con dos millones y pico de euros en los bolsillos. Y ya.
Y, ¿saben?, no me voy a meter en quién ha pagado el rescate porque creo que está bastante claro que han sido los armadores. Tampoco entro en si ha habido connivencia de parte del Gobierno del ZampaP porque me parece más que evidente la colaboración de los societas. Y me temo que no voy a hablar del delito que supone por un lado pagar rescate a los secuestradores y por otro navegar bajo una bandera que no es la nacional, y además pretender las ventajas de los que llevan la insignia española sin complejos. De lo que voy a hablar es de los que se ha montado durante el secuestro de moda y de las consecuencias que las acciones de algunos van a tener.
Lo primero quiero hacer hincapié en que el follón no se lió hasta que los amiguetes de Intereconomía, dando muestras de su profesionalidad y de su buen hacer, publicaron a los cuatro vientos las declaraciones de una mujer de uno de los marineros secuestrados. Dichas declaraciones, como no podían ser de otra forma, fueron tremendamente alarmantes y despertaron la liebre entre los medios de comunicación adeptos al centrorreformismo meón. Que si pobrecitos, que si ya le vale al Gobierno, que si hay que liberarlos a toda costa, que si esto que si lo otro. Y, casualmente, después de empezar la alarma injustificada (repito: INJUSTIFICADA) de la que tan orgullosos deben seguir estando los Intereconomíos, los piratas empezaron a jugar un poco más fuerte: pidieron más dinero, amenazaron, dijeron que se habían llevado a tres marineros a tierra, etcétera. Es decir, si los amiguetes de la no-derecha hubiesen mantenido el boquino bien cerrado, es más que posible que, como mucho, los piratas se hubiesen llevado la mitad de pasta y hubiesen liberado al Alakrana como un mes antes.
Y ahora vuelvo a las mujeres de los marineros vascos, o al menos a las que han hablado en la prensa, con esas ruedas de prensa tan chulas acompañadas de batasunos y demás calaña. Como es obvio, la simpatía de las emakumes está más bien cerca de los cachorros del PNV, o lo que es lo mismo, ETA. Y es por eso que han puesto el grito en el cielo: que si ya le vale al Gobierno, que si eso es porque somos vascos (y vascas), que si patatín que si patatán. De repente, las mujeres y los que las acompañan callan, es decir, sorprendentemente los separatistas dejan de quejarse. No hay que ser muy listo para saber que esto nunca ocurre porque sí, sino que más bien es consecuencia de una cesión por parte del de enfrente. ¿Recuerdan que por aquellas fechas hubo una reunión de batasunos en la noble Alsasua? ¿Y recuerdan que propusieron pasar a la opción democrática, que si la violencia no mola y cosas por el estilo (bueno, siempre mucho más ambiguas, claro)? Pues bien, podemos apostar, o no, que somos unos caballeros, a que Patxi el Txatxi en los próximos meses hará alguna concesión en Vascongadas a la simpática familia batasuna. Y, por qué no, también el ZampaP pondrá de su parte. Y por descontado que en las próximas elecciones se buscará una excusa para que estos entrañables proetarras se presenten.
Pero, mientras, los peperoni sonríen satisfechos convencidos de que le han colado un gol al ZampaP, cuando sólo se lo han colado a ellos mismos.
Virutas de blogosfera (XXIX)
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